
La entrega de niños para la supervivencia no es un fenómeno nuevo en este país que, antes del terremoto, ya tenía 380 mil huérfanos y los orfanatos proliferaban “como las tienditas de barrio”. Oficialmente son 660, pero muchos más escapan del registro.
Ahora, con la capital del país y varias poblaciones de provincia destruidas, con escasez de comida y agua potable, falta de trabajo y de dinero, y con 3 millones de personas damnificadas (la mitad, menores de edad) y otras mu-
chas desaparecidas, los orfanatos parecen cargar con el peso de la tragedia.
El desastre desencadenó que europeos y estadunidenses pidieran agilizar los trámitesde adopción. Las embajadas apoyaron los intereses de sus ciudadanos y mandaronaviones a recoger niños, hasta que el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) lanzó la voz de alerta: también podrían estar saliendo niños robados.
En una primera llamada de auxilio, que nunca se confirmó, el organismo informó que 15 menores fueron sacados de un hospital.
“Ha pasado una semana del temblor y creemos que está ocurriendo el tráfico de niños, porque siempre sucede en situaciones caóticas como éstas (…) Tenemos que pararlo y pararlo ya”, dijo a Proceso Kant Page, vocero del Unicef.
“La gente aprovecha estos momentos, ya que hay crisis y el gobierno no existe, van al aeropuerto y dicen que sí tienen los papeles legales, que ya estaban en proceso de adopción”, explica la funcionaria haitiana de ese organismo, Mireille Triebe.
Profesora: Susana Huerta González.
En realidad miles de infantes están siendo sacados del país, con destino a diversos países de Europa, Estados Unido y otros, pero dado el descontrol que se tiene respecto a este tema, no se sabe si estos trámites de adopción se desarrollan en un ámbito legal, ya que le tráfico de niños ha encontrado en esta tragedia la oportunidad perfecta para llevar a cabo el negocio de su vida.
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